Corría el año 1970, en la oficina de Ford en Dearborn, Michigan. Lee Iacocca, entonces vicepresidente de la compañía, dio un puñetazo en la mesa. Los coches pequeños japoneses y europeos se llevaban la cuota de mercado estadounidense mes tras mes, y el Volkswagen Escarabajo se vendía como pan caliente. «Necesitamos una respuesta, y rápido», les dijo a sus equipos de ingeniería. El objetivo era simple: crear un coche que pesara menos de 900 kilos, por menos de 2000 dólares, y entregarlo en 25 meses en lugar de los 43 habituales. Lo que se suponía que sería la venganza de Ford contra sus competidores extranjeros se convertiría en uno de los mayores escándalos industriales de la historia del automóvil.
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Porque este coche que van a crear, el Ford Pinto , va a matar. ¿Y lo peor? Ford lo sabía perfectamente. Habían calculado que dejar morir a la gente les costaría menos que solucionar el problema. Literalmente . Les voy a contar la historia de una empresa que puso precio a la vida humana y priorizó las ganancias sobre la seguridad.
Los orígenes de un desastre anunciado
Para entender esta historia, primero necesito contextualizar. A principios de la década de 1970 , la industria automotriz estadounidense reinaba con supremacía. Los "Tres Grandes" —Ford, General Motors y Chrysler— producían sedanes enormes y devoradores de gasolina, y hasta entonces, todo marchaba bastante bien.
Pero los tiempos están cambiando. Los consumidores estadounidenses empiezan a interesarse por los coches pequeños y económicos, y los fabricantes extranjeros están marcando la pauta. El Volkswagen Escarabajo es un éxito, los japoneses llegan con fuerza y Ford ve cómo su cuota de mercado se desvanece como la nieve al sol.
Entra Lee Iacocca . Este hombre es una leyenda viviente de la industria automotriz estadounidense. Carismático, ambicioso y, sobre todo, muy entusiasta. Tiene un lema que marcará el destino de miles de personas: « La seguridad no vende».
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Así que Iacocca impuso restricciones drásticas a lo que se convertiría en el Pinto: menos de 2000 libras, menos de 2000 dólares y un tiempo de desarrollo reducido a la mitad . Los ingenieros de Ford se rascaron la cabeza, pero la orden vino desde arriba: no se trataba de negociar .
Y ahí es precisamente donde las cosas empiezan a salir mal. Porque al reducir a la mitad el tiempo de desarrollo de un coche, se pasan por alto ciertos detalles. Detalles que, en el caso del Pinto, resultarán fatales.
El defecto que mata
El problema del Pinto es su tanque de combustible . Los ingenieros lo colocaron detrás del eje trasero, sin suficiente protección. Sé que suena técnico, pero déjenme explicarles por qué es un desastre.
Imagínate: Vas conduciendo tu pequeño Pinto y alguien te choca por detrás. Incluso a 30-40 km/h , el impacto provoca que el depósito de combustible se desprenda y se incendie. Pero eso no es todo: la deformación del chasis impide que las puertas se abran. Estás atrapado en un incendio .
Cuando lo pienso, me da escalofríos. Porque no es un accidente ni mala suerte. Es un fallo de diseño identificado desde el principio.


















































































































